Todo comenzó una semana antes de la excursión.

Había que preparar materiales, organizar actividades, pensar en cada detalle y conseguir que todo estuviera listo para el gran día. Porque detrás de una excursión que puede parecer tan sencilla como «ir a por calabazas» hay mucho más: planificación, aprendizaje, organización y muchas oportunidades para descubrir.

Durante esos días fuimos preparando actividades con mucha ilusión. Queríamos que la visita no fuera simplemente una salida del centro, sino una experiencia de aprendizaje conectada con el entorno. Una oportunidad para observar, experimentar, hacerse preguntas, compartir descubrimientos y aprender haciendo.

Porque en Escuela IDEO entendemos que aprender también significa salir del aula, entrar en contacto con la naturaleza, desarrollar la autonomía y poner en práctica habilidades que forman parte del día a día: organizarse, tomar decisiones, colaborar, cuidar el entorno y disfrutar del proceso.

Y llegó el día. Rumbo a Monjarama.

Desde el momento en que salimos ya se respiraba ese ambiente especial que tienen las excursiones: nervios de mayores y pequeños, emoción por romper con la rutina, ganas de compartir el día con los compañeros y curiosidad por descubrir un lugar nuevo.

Al llegar comenzó la aventura: campo, naturaleza y… ¡calabazas por toooodas partes!

Tocaba buscar, elegir y cargar. Las había pequeñas, grandes y enormes. Tanto es así que, al levantarlas, los más pequeños desaparecían detrás de ellas.

Pero, más allá de las calabazas, había mucho que aprender. Observar el entorno, descubrir cómo crecen los alimentos, experimentar con los tamaños y los pesos, tomar decisiones y ayudarse unos a otros convirtió una actividad aparentemente sencilla en una auténtica experiencia educativa.

Entre risas, carreras y descubrimientos fuimos disfrutando de un día diferente. De esos que dejan recuerdos, aprendizajes y muchas historias para contar después.

Y así, entre manos llenas de tierra, calabazas y muchas sonrisas, descubrimos que todo el trabajo de la semana anterior había merecido la pena.

Porque aprender no siempre ocurre sentado frente a un libro. A veces sucede mientras caminamos por el campo, tocamos la tierra, observamos nuestro entorno, trabajamos en equipo y nos hacemos preguntas.

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