En Escuela Ideo creemos firmemente en el poder transformador de la música. No solo como lenguaje artístico, sino como un espacio privilegiado para crecer en comunidad, desarrollar habilidades socioemocionales y favorecer la inclusión real de todo el alumnado.

Tenemos la suerte en nuestra escuela de contar con dos sesiones semanales y damos cabida a que la música se convierta en un laboratorio de convivencia donde cada niño y niña aporta algo valioso y encuentra un lugar desde el que expresarse.

Una de las experiencias más potentes de este trimestre ha sido nuestra actividad de orquesta de aula, en la que hemos montado Stand by me, de Ben E. King.

En la orquesta de aula cada estudiante participa desde sus posibilidades y fortalezas: unos llevan el acompañamiento melódico en láminas, otros sostienen el ritmo con instrumentos de pequeña percusión, otros ponen voz y emoción a la letra y algunos, cuando lo necesitan, cuentan con adaptaciones sencillas para que su participación sea plena: patrones rítmicos simplificados, claves visuales, instrumentos alternativos o apoyos gestuales.

Lo fundamental es que todos y todas tocan juntos, en el mismo momento, como un solo grupo y quizá sea esa la esencia más característica y facilitadora de la música para la inclusión.

La “actitud de orquesta”: esperar, escuchar, cooperar

Una de las claves del éxito ha sido trabajar lo que llamamos “actitud de orquesta” en el tercer y cuarto curso de Primaria en Escuela Ideo. La explicamos de forma muy sencilla: “En una orquesta somos capaces de esperar con el instrumento preparado… pero sin hacerlo sonar. Escuchamos al resto. Entramos en grupo cuando toca.”

Los turnos de espera, que a veces parecen invisibles, son un aprendizaje valiosísimo para cualquier niño o niña, y especialmente significativo para alumnado con necesidades educativas especiales. En música, la espera no es un tiempo vacío, sino un tiempo activo: escucho, observo, me coordino, espero mi momento para aportar.

Además, la música genera un clima natural de ayuda mutua (si alguien se pierde, alguien le mira y le guía), cooperación (el ritmo de uno sostiene la melodía del otro) y regulación emocional (las repeticiones, los pulsos y los ostinatos aportan seguridad). Cada estudiante experimenta que su aportación es importante. La orquesta necesita de todos y cada uno.

Una experiencia que deja huella

Cuando empezamos el proyecto de Stand by me ocurre algo especial y lo sabe ya mucha gente de la comunidad educativa, ya que se nos escucha en los pasillos, las familias tienen que poner la canción a todas horas y sobre todo vemos cómo algunas personas que a veces se sienten inseguras en otras áreas sienten en las actividades de orquesta momentos de mayor participación y visibilidad, lo que muchas veces se traslada a otros momentos curriculares. La música tiene este poder: igualar, desarrollar talentos, unir y armonizar.

En Escuela Ideo apostamos por una educación artística viva, experiencial y profundamente humana. La música no es sólo una asignatura: es un espacio de aprendizaje emocional, social y cognitivo que deja huella.

Aitor Candalija, maestro de Primaria

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