Hay aprendizajes que nacen del libro y otros que brotan del suelo. En Escuela IDEO, este proyecto partió de una pregunta sencilla y poderosa: por qué hay lugares que se vacían y qué nos cuenta su paisaje cuando lo miramos con calma. Así nació España Vacía, un trabajo compartido entre 5.º y 2.º de Primaria que unió las Ciencias Naturales con una mirada territorial y social, para comprender, con los pies en lo cercano, cómo se relacionan las personas con el medio que habitan. Inspirado en la ruta cicloturista Montañas Vacías, que recorre los parajes despoblados de Teruel, nuestro alumnado quiso crear su propia versión educativa: una revista escolar de cicloturismo que mostrará la riqueza natural y humana de esos espacios olvidados, convirtiendo la observación científica en relato y compromiso.

Mirar lo cercano con ojos de ciencia

El punto de partida fue salir a observar con cuaderno y lápiz, describiendo relieve, vegetación, suelos y huellas del agua y del viento. Con rutinas sencillas —comparar, anotar diferencias y proponer causas— el alumnado entendió cómo agua, luz, temperatura y tipo de suelo condicionan la vida, y cómo la intervención humana modifica los ecosistemas. El paisaje se convirtió en un laboratorio al aire libre donde la curiosidad y el lenguaje preciso bastaron para hacer ciencia de forma significativa.

La despoblación: cuando el territorio cuenta su historia

Desde Ciencias Sociales, se conectó lo observado con la despoblación: migraciones y cambios económicos que reorganizan el campo, con cultivos que se cubren, caminos que se borran y bosques que avanzan. Mapas, fotografías y testimonios permitieron ver que naturaleza y sociedad son inseparables y que el equilibrio entre personas y tierra, uso y cuidado, sostiene la vida del territorio. Así, lo natural y lo social se leyeron como dos caras de la misma realidad.

Aprender haciendo, comunicar creando

El corazón del proyecto fue la revista escolar “España Vacía”, inspirada en Montañas Vacías. Cada grupo diseñó una ruta simbólica que unía ciencia, arte y narración, incorporando textos breves, descripciones del medio, dibujos de especies y paisajes, mapas y reflexiones sobre sostenibilidad. La revista sirvió para compartir con familias y comunidad lo aprendido y consolidar tres pilares: observar, comprender y comunicar.

La ciencia del entorno (y la conexión con otras áreas)

Aunque el eje fue Ciencias Naturales, se integraron otras materias para ampliar sentido sin perder foco: en Lengua se redactaron y revisaron textos informativos; en Artística se ilustraron especies y texturas del entorno; en Matemáticas se midieron distancias y se trabajaron proporciones, escalas y altimetrías; en Educación Física se entendió la naturaleza como espacio de actividad saludable. Todo reforzó la idea común: entender para cuidar.

Competencias que crecen con sentido

El proyecto desarrolló competencias de manera natural: científica (observar con rigor, preguntar y relacionar fenómenos), lingüística (comunicar con claridad y coherencia), social y cívica (vincular entorno y sociedad y adoptar actitudes de respeto), artística (interpretación visual del paisaje), digital y espacial (representación mediante mapas y esquemas) y personal y cooperativa (organización, toma de decisiones y corresponsabilidad). La diversidad de roles —quien escribe, dibuja, busca datos o maqueta— se convirtió en una fortaleza compartida.

La escuela como motor de cambio

Conocer suelo, clima y seres vivos dejó de ser un trámite curricular para convertirse en una forma de entender el lugar que habitamos. La despoblación, los ecosistemas y la vida rural se hicieron tangibles y cercanos, invitando a mirar, pensar y cuidar el territorio. La revista y las rutas simbolizan que hay muchas “Españas llenas” cuando se las observa y comprende.

Epílogo: lo que queda cuando el proyecto termina

Tras cerrar cuadernos y publicar la revista, permanece una mirada más curiosa sobre caminos, ríos, campos y pueblos, y la certeza de que la ciencia también se escribe desde lo cotidiano. “España Vacía” fue una experiencia de educación ambiental interdisciplinar —con Ciencias Naturales como eje y todo el claustro acompañando— donde la escuela sale al encuentro del territorio y el aprendizaje se convierte en emoción y compromiso.

Chema Lázaro, maestro en Primaria y coordinación departamento metodologías

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