Dar clase de Física y Química a alumnado que no ha elegido estar ahí es uno de los grandes retos de nuestra profesión. Muchos llegan con la idea de que “las ciencias no son para mí”, cargando además con la ansiedad que suele provocar su relación directa con las matemáticas. A menudo, este rechazo se ve reforzado por experiencias previas marcadas por pizarras llenas de información, explicaciones excesivamente complejas y conceptos presentados sin contexto, que hacen que la ciencia se perciba como algo lejano e inaccesible.

En la Escuela, y especialmente en mi forma de trabajar, partimos de una idea clara: el aprendizaje no es un camino en solitario. La vinculación con el alumnado es clave. Cuando sienten que el esfuerzo es mutuo, que el aula es un espacio seguro y que la persona docente camina con ellos y ellas, la actitud empieza a cambiar. No se trata de imponer interés, sino de acompañar hasta que aparezca, conociendo previamente quiénes son, cuáles son sus inquietudes y qué intereses traen consigo al aula.

En el ámbito de las ciencias, este acompañamiento se concreta en un enfoque práctico, vivencial y basado en la reflexión. Apostamos por el aprendizaje basado en preguntas, donde son las propias dudas del alumnado las que guían el proceso de aprendizaje. Trabajamos con vídeos, simulaciones, experimentos en vivo y materiales del día a día, haciendo que los contenidos sean más accesibles y cercanos. Cuando partimos de lo que realmente les interesa y de lo que se preguntan, la ciencia deja de ser una barrera y empieza a convertirse en una herramienta de comprensión.

Este enfoque permite que el alumnado reflexione, investigue y construya su propio conocimiento, reduciendo la ansiedad y aumentando la confianza. La Física y la Química dejan de ser asignaturas abstractas y se transforman en una forma de entender el mundo. El error, la duda y la investigación pasan a formar parte natural del proceso de aprendizaje.

Pero, por encima de todo, está la vinculación. Ese sentimiento de “somos uno”, de equipo, de confianza compartida. Porque cuando el alumnado se siente escuchado, acompañado y tenido en cuenta, incluso quien no quería dar ciencias acaba encontrando su lugar en ellas. ¿Y si aprender ciencias fuera, ante todo, una cuestión de sentirse parte del camino?

Daniel Ruiz, profesor de Bachillerato y Coordinador del Dpto de Ciencias Naturales

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